San Cristóbal de La Laguna fue la primera capital administrativa de la isla. Un conjunto histórico, cuya conformación de ciudad colonial no fortificada, con trazado original del 1.500, fue definitivo para obtener el título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sus calles, rebosantes de historia, ofrecen multitud de tascas y excelentes tiendas. Es, además, una ciudad universitaria, viva y de gran actividad cultural.


Los puntos más emblemáticos son la plaza del Adelantado, rodeada por los edificios del Mercado Municipal, el Palacio de Nava, el Convento de Santa Catalina de Siena, la ermita de San Miguel y el Ayuntamiento.
La ruta puede seguir por la calle Obispo Rey Redondo, hasta encontrar la Catedral. Más adelante, el Teatro Leal, y por fin, la iglesia de La Concepción, cuya torre es un símbolo de esta ciudad.
Regresamos al punto de partida por la calle San Agustín, donde veremos el antiguo Instituto de Canarias Cabrera Pinto, el hospital de Nuestra Señora de Los Dolores, la Casa Salazar sede del palacio Episcopal, y la Casa Lercaro, que aloja el Museo de Historia de Tenerife.


Por la calle Viana nos dirigimos al Convento de Santa Clara y a la iglesia del Cristo de La Laguna, cuya imagen, una excelente talla gótica, es venerada más allá de la Isla. Desde este punto podemos enlazar por la carretera de Las Canteras con el Macizo de Anaga, comenzando por el Monte de Las Mercedes, único por su bosque de laurisilva.
Unos kilómetros más adelante tomamos la desviación hacia Taganana, ya en el municipio de Santa Cruz de Tenerife, en cuya iglesia de Nuestra Señora de las Nieves destaca un magnífico tríptico flamenco. Una parada en los miradores de la Cruz del Carmen y Pico del Inglés nos permitirá disfrutar del paisaje. Cerca de la playa de Almáciga diversos restaurantes nos ofrecen su especialidad: pescado fresco, acompañado por el vino del lugar.


Regresando a la carretera principal nos dirigiremos a San Andrés, barrio de pescadores, con famosos restaurantes especializados en pescados y mariscos, muy cerca de la playa de Las Teresitas.
Tomamos la carretera en dirección al centro de Santa Cruz de Tenerife, ciudad fundada el 3 de Mayo de 1494 por el conquistador Alonso Fernández de Lugo. De carácter cosmopolita y alegre, ha sabido combinar su aspecto arquitectónico tradicional con el moderno e innovador.


Un día de compras en la ciudad se convierte en un agradable paseo por sus calles peatonales, ramblas, parques y jardines. Podemos comenzar el recorrido en la plaza de España, en cuyo centro está la Cruz de los Caídos. Desde allí y hacia el centro se extienden la plaza de Candelaria, calle del Castillo, y alrededores, que conforman la zona comercial. Por la calle de Bravo Murillo nos dirigimos a la iglesia de La Concepción, que alberga la Cruz de la Conquista. Frente a ésta veremos el Museo de la Naturaleza y el Hombre, edificio de estilo clasicista, originalmente sede del hospital civil.
Nos adentramos en Santa Cruz por la calle de La Noria, una de las más antiguas de la ciudad. Pasamos por el mercado Nuestra Señora de África, para regresar hasta el Teatro Guimerá, junto al cual está La Recova, antiguo mercado y actual centro de arte y fotografía.


Por la Calle Valentín Sanz llegamos al Parlamento de Canarias, y posteriormente a la plaza del Príncipe, flanqueada por el Museo de Bellas Artes y Biblioteca Municipal, que acoge una exposición de pintura que abarca desde el siglo XVI hasta el XX, así como la iglesia de San Francisco, que alberga en su interior un retablo barroco de gran valor, y el Círculo de Amistad XII de Enero.


Paseando por la avenida de Veinticinco de Julio nos encontramos la plaza de Los Patos y, más adelante, Las Ramblas, una avenida de casi tres kilómetros que surca de lado a lado la ciudad y que fue sede de la Primera Exposición Internacional de Esculturas al Aire Libre entre 1973 y 1974.
Saliendo en coche de la ciudad por la vía que se dirige al sur de la Isla y bordeando la costa podremos disfrutar de edificios de reciente construcción y gran valor arquitectónico, como la Presidencia del Gobierno, el Auditorio de Tenerife y el Centro de Ferias y Congresos, diseños de AMP, el primero, y de Santiago Calatrava, los dos últimos.


 

Muchas son las carreteras que llevan hasta el Parque Nacional del Teide, en el centro geográfico de la Isla. Desde Santa Cruz o La Laguna, la mejor elección es la carretera TF-24, que atraviesa la zona de La Esperanza, en el municipio de El Rosario. Por el norte de la Isla, la TF-21 parte desde La Orotava hasta el parque, el más visitado de España en su categoría. En el sur, los accesos, desde Granadilla y Vilaflor (TF-21) o Chío (TF-38), en Guía de Isora, son incluso más numerosos.

En todos los casos existen suficientes señales indicadoras y las vías de circulación están generalmente en buen estado, salvo en los muy escasos días en los que la nieve impide el tráfico en altitudes cercanas a la cumbre.

 

PINO CANARIO 
Antes de llegar al parque, podemos disfrutar de uno de los atractivos de la subida: la Corona Forestal, una masa boscosa, de pino canario mayoritariamente, que rodea el Parque Nacional. Para quienes la desconocen, este monte ofrece una visión sorprendente de Tenerife, alejada de la tradicional postal de sol y playa. Una vez superada la altitud de la Corona Forestal, entramos en el parque. Aunque su volcán más conocido es el Teide, lo cierto es que este espacio natural único en el mundo alberga varios volcanes. El de Chahorra o Pico Viejo fue el último en entrar en erupción, hace más de 200 años. El parque dispone de dos centros de visitantes, uno en el Portillo y otro en Cañada Blanca, junto al Parador Nacional de Turismo.

 

FORMAS CAPRICHOSAS 
En el interior del Parque Nacional del Teide, los paisajes son de una original espectacularidad. Miles y miles de años de continua actividad volcánica han moldeado la inmensa caldera de las Cañadas del Teide, creando imágenes insólitas, de caprichosas formas y colores. Un auténtico regalo para los ojos que sólo con curiosa paciencia es posible descubrir en todos los infinitos matices de una naturaleza indómita y agreste, propia de otros mundos.


El Llano de Ucanca, Los Azulejos, Los Roques de García, Montaña Blanca y Montaña Rajada son las descriptivas denominaciones de algunos de los parajes más sobresalientes. Para los amantes de la botánica, a esta altitud las especialísimas condiciones climáticas han condicionado el desarrollo de especies vegetales únicas, como la Retama del Teide, el Tajinaste rojo o la Violeta del Teide.


SUBIR AL TEIDE
Por supuesto, es posible completar la visita con una ascensión a la cumbre del Teide, el pico más alto de toda España. Un servicio de teleférico funciona, si el tiempo lo permite, todos los días. Este sistema de transporte alcanza la zona de la Rambleta, a 3.555 metros de altitud. El resto de la ascensión, poco más de 200 metros, es necesario realizarla a pie, pero es imprescindible solicitar un permiso en las oficinas del parque, en La Orotava, o a través de la web www.reservasparquesnacionales.es  (no se conceden permisos en el propio parque).

* (Se recomienda realizar la tramitación del permiso de acceso al sendero Telesforo Bravo lo antes posible, porque, debido a la gran demanda existente en la época estival, las plazas diarias se ocupan con bastante antelación.)

 

Los aficionados al montañismo, si están en buena forma física, pueden renunciar al teleférico y alcanzar la cumbre a través de un sendero (está prohibido seguir otro camino) que parte desde la misma carretera, en la zona de Montaña Blanca. El trazado es exigente, de más de seis horas de duración, y es igualmente necesario el permiso para culminar el último tramo. Hay que tener en cuenta que la altura, además, puede dificultar la respiración y que, algunos días de invierno, la nieve puede cubrir la cumbre. Siempre es recomendable contar con prenda de abrigo y protección para el sol.

 

UNA NOCHE MÁGICA
Es posible pasar la noche en el interior del parque. El conocido Parador Nacional de Las Cañadas ofrece alojamiento confortable y una excelente cocina canaria. Desde allí parten distintos senderos para recorrer parte del parque. Otra opción, menos cómoda pero seguro que más atractiva para algunos, es el Refugio de Altavista. El refugio abre todos los días del año, excepto cuando las condiciones climáticas lo impiden. Al amanecer, a más de 3.000 metros de altura, el sol surge entre las siluetas del resto de las Islas Canarias. Pocas veces el calificativo de mágico adquiere mayor justificación.